
DESCUBRIENDO LA POLVORA
Nuestro país vive en estos días una profunda crisis que perturba a todos los sectores de la ciudadanía. Los medios de comunicación transmiten minuto a minuto las opiniones, preocupaciones y estados de ánimo de la población y la dirigencia. El mundo observa a la república, y sigue paso a paso la evolución de los acontecimientos. ¿Cuál ha sido la causa que produjo la difícil situación en la que nos encontramos actualmente?. La respuesta a esta pregunta es unánime y de una total concordancia; el déficit, el desequilibrio fiscal, el excesivo gasto, la baja recaudación de los recursos.Nunca como esta oportunidad se ha entendido sin disonancias la regla más elemental de la contabilidad, y la necesidad de alcanzar el equilibrio fiscal. En síntesis, se ha descubierto la pólvora. Lo dice el refrán: "Más vale tarde que nunca". El H. Tribunal de Cuentas de la Provincia de Buenos Aires, actor principal en el estudio, análisis e investigación de los actos ejecutorios del gasto, se anticipó, e impulsó con total firmeza el principio del equilibrio fiscal, con mucha antelación. El 7 de abril de 1995 ante un auditorio concurrido por Intendentes, Presidentes de Concejos Deliberantes, y funcionarios municipales, comunicó que a partir de ese momento se iba a aplicar en forma estricta el principio de equilibrio fiscal, tal como surgía de la normativa contable vigente. Fue un sacudón que nadie imaginaba. A partir de ese día cambió la cultura de la gestión municipal, y ningún funcionario comunal dejó de tener presente la idea del equilibrio fiscal. Dicho resultado quedó materializado en los registros del Ministerio de Economía que percibió una abrupta caída en los pedidos de asistencia financiera que los municipios solicitaban a la Provincia. Ya en 1992, y como primer paso ante el cambio de las condiciones macroeconómicas, el Tribunal de Cuentas sancionó una acordada indicando a los municipios que deberían prestar especial atención a la recaudación de sus recursos, y que se iban a aplicar severos cargos y sanciones si así no se hiciese. Ello fue de una absoluta necesidad porque se había puesto fin a la inflación que relajó y prácticamente anuló la disciplina fiscal de recaudar tasas. Para nosotros, la fecha del 7 de abril de 1995, significó el renacimiento de los más elementales principios de contabilidad. Desde entonces y sumado a ello la constitución de las delegaciones, la acción preventiva del Tribunal de Cuentas ha sido cada vez mayor, lo que ha arrojado mejores resultados en los juicios de cuentas municipales. Lo dice otro refrán: "Más vale prevenir que curar". En el orden Nacional, la ley de responsabilidad fiscal fijaba plazo hasta el año 2005 para lograr el equilibrio presupuestario. Si la previsibilidad y la acción hubieran funcionado debidamente, hubiese sido un suave aterrizaje. Hoy, abruptamente, y ante la falta de crédito externo para el financiamiento, tuvimos que adelantar esa fecha cuatro años, obligados a un aterrizaje forzoso que quiera Dios termine bien, tanto para los pasajeros que son los ciudadanos como para la máquina, que es el aparato del Estado. Es necesario ir definitivamente a una reforma del Estado que apunte a los grandes sectores del gasto como solución de fondo, produciendo un mejor funcionamiento del Sector Público y mayor eficacia y eficiencia en la aplicación de los recursos. La crisis ha puesto en mano de los legisladores nacionales y provinciales un hierro candente que no esperaban. Unos priorizaron lo injusto del ajuste, y otros apuntaron a la solución de un tremendo problema macroeconómico que podría producir injusticias mayores. Ambos, poniéndole el pecho al problema actuaron con la mayor vocación. Merecen el reconocimiento social. Por ello es indispensable actuar con extrema cautela cuando se elige a la política y a los políticos como "chivos expiatorios". Todos estamos de acuerdo en bajar el gasto de la política, y realizar la mayor cantidad de ahorros posibles en los Poderes del Estado, pero el límite es no deteriorar las Instituciones fundamentales de la República. Porque de lo contrario, vamos a tener moneda estable y equilibrio fiscal, y no seremos creíbles al no poder exhibir instituciones fuertes y sólidas. Digamos como Franklin D. Roosevelt: "Avancemos con optimismo. Nuestros temores por el futuro, no son sino nuestras dudas del presente". Muchas naciones salieron de situaciones de crisis y confusión. España, que al morir Franco constituía un Estado altamente centralizado y burocratizado, con los instrumentos de la democracia consigue una reforma del Estado ejemplar, mostrándose hoy las comunidades autónomas de ese país como un ejemplo de eficacia y eficiencia. La educación, la asistencia social, y la salud bajo los conceptos de reforma tributaria con corresponsabilidad fiscal, descentralización y participación ciudadana, constituyen un ejemplo de funcionamiento que ha ahorrado cuantiosas sumas de dinero a los ciudadanos Españoles. El gobierno central solo se reserva la tarea de normatizar, controlar, dirigir y planificar. La fórmula es muy sencilla: "Centralización normativa y descentralización operativa".
DESCENTRALIZACION
Descentralizar significa acercar la ejecución del gasto a las necesidades de la gente, significa acercar a la decisión del gasto su ejecución. Significa ampliar y poner en funcionamiento todos los canales de participación social y ciudadana. Significa convertir a una sociedad reclamante, demandante y piquetera, en una sociedad participante y activa. Significa achicarle el espacio a la corrupción. Significa pleno empleo, si el sector privado adopta este principio en sus procesos de producción. En nuestra provincia, por ejemplo, debemos ampliar la ejecución del gasto en los municipios, y darle mayor participación a consejos escolares rejerarquizados, asociaciones civiles, voluntariado, cooperadoras de padres y vecinos, a la iglesia y demás sectores religiosos, sindicatos, partidos políticos, etc. Si esto se logra, la democracia quedará definitivamente consolidada, y la reforma del Estado concluída. Podremos decir con acierto que con la democracia se educa, con la democracia se come y con la democracia se cura. El exceso de gasto y de burocracia, no son sino los resabios de una historia de mando centralizado y autoritario con los que hay que terminar. Pero atención, la descentralización ya está inventada. No vaya a ocurrir que dentro de un tiempo, envueltos en una crisis como la actual, redescubramos la pólvora.